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En el Catecismo de la Iglesia Católica, se nos dice : “Nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios” (1 Co 2, 11). Pues bien, su Espíritu que lo revela nos hace conocer a Cristo, su Verbo, su Palabra viva, pero no se revela a sí mismo. El que “habló por los profetas” nos hace oír la Palabra del Padre. Pero a él no le oímos. No le conocemos sino en la obra mediante la cual nos revela al Verbo y nos dispone a recibir al Verbo en la fe. El Espíritu de verdad que nos “desvela” a Cristo “no habla de sí mismo” (Jn 16, 13). Un ocultamiento tan discreto, propiamente divino, explica por qué “el mundo no puede recibirle, porque no le ve ni le conoce”, mientras que los que creen en Cristo le conocen porque él mora en ellos (Jn 14, 17).” (No. 687) .

Esta afirmación que devela lo que creemos, nos invita a sentir la presencia de la Tercera persona de la santísima Trinidad en nuestras vidas, a sentirle, si, aunque no le vemos; a escucharle, si, con los oídos de nuestra mente y corazón; a seguirle, si, con la certeza de saber que él, Dios mismo esta en nosotros, con nosotros, vive en nosotros, nos acompaña.  Jesús nos lo deja como legado de amor del Padre, un Dios que se hace presente en todo furor, sólo que requiere de nuestra cooperación, disposición y abajamiento, pues solo por fe, podemos creer.

El Venerable Obispo Miguel Angel Builes, tenia claro la presencia del Espíritu Santo como dador de Vida, como fuente del Padre y del Hijo, como intercesor, como guía y luz para cada proyecto que emprendía, por ellos recopilamos aquí algunas de sus oraciones dirigidas al Espíritu Santo y que permiten vislumbrar la acción de el Santo Paráclito en su vida y obra pastoral y misionera:

Al pensar en las Hijas de la Misericordia, ora: Por tu bondad infinita envíame tu Espíritu Paráclito para que me ilumine y me diga qué debo hacer en este asunto que tú sabes. Yo no quiero ser ciego, ni precipitado, ni irresoluto, ni inconsiderado, ni temerario; ponme en el justo medio, aconséjame tú mismo qué hago sobre este quinto rayo de mi estrella. (Venerable MAB, Mi Diario 31.05.1950).

Al pedir disposición y aceptación de la Voluntad de Dios, e incluso dar la vida si fuere menester:

Oh Altísimo Don de Dios, Don de Fortaleza, se acerca la hora del mayor esfuerzo tuyo en favor de la Iglesia y al Dios Santo de que eres divina emanación: fortalécenos en esta hora que se acerca, fortalécenos. No queremos tener miedo de morir para no sufrir ningún miedo y triunfar con tu ayuda en los combates por la fe. Dios mío, dame, dame en este día y siempre la virtud y el Don de Fortaleza y no perder minuto de mi vida sin ponerlo en ejercicio por tu gloria y por tus almas. Así sea. (Venerable MAB, Mi Diario 30.05.1950).

Ayúdame cumplir con toda generosidad el mandamiento de Jesús: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y a tu prójimo como a ti mismo”. Pensar siempre en Dios, amarle a El solo y consagrarle todas nuestras acciones, las que haremos con la mayor perfección posible, con alegría, con gusto y confianza…”. “Al que da con gusto y alegría lo ama el Señor” como dice San Pablo. Aceptaré generosamente los sacrificios, las penas, las contrariedades, conformándome así con la voluntad de Dios. (Venerable MAB, Mi Diario 15.11.1964).

Es importante que en cada momento de nuestra vida, hagamos presente al siempre presente: el Espíritu Santo, para que guie nuestros pasos, nos de luz en las decisiones a tomar, nos asista en nuestras luchas y sufrimientos, nos aumente la fe en los momentos de incredulidad.

Ven, Espíritu Santo, amigo entrañable, persona viva y siempre disponible.
Sin tu dulce ayuda no podemos decir ni ¡Jesús es el Señor!
Sana nuestros corazones destrozados por el desamor y el pecado.
Sana las heridas que nos deja la vida.
Enséñanos a vivir desde la entrega generosa de la propia vida.
Ven, protector en todo momento, salvación que se hace patente. Amén

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