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Fiesta de Nuestra Señora de las Misericordias 2019

Compartimos el discurso ante la estatua del venerable Miguel Ángel Builes, el 08.09.2019, Solemnidad de Nuestra Señora de las Misericordias el cual fue dirigido por la Hna. Nora Gómez Vargas, Misionera Teresita, Postuladora: 

Santa Rosa, septiembre 8 de 2019

 

 

Señor Obispo de Santa Rosa de Osos

Señores Representantes de la administración Municipal

Superiores Generales de los Institutos fundados por el Venerable MAB

Venerables Sacerdotes, Religiosos, Religiosas, Seminaristas, Instituciones educativas, Pueblo de Santa Rosa

 

Desde el 21 de noviembre de 1972 nos congregamos frente a este monumento  al Venerable Obispo Misionero Miguel Ángel Builes Gómez, segundo Obispo de la diócesis de Santa Rosa de Osos. El Señor Joaquín García Ordóñez, con la colaboración de algunos Sacerdotes, de algunas Parroquias y de fieles amigos del Señor Builes, ha logrado su propósito, y es por ello por lo que nos congregamos cada año en este lugar, con ocasión de la solemnidad de la Nuestra Señora de las Misericordias, frente al bronce que perpetúa la memoria del Señor Obispo Builes. Con este homenaje concluye el peregrinar durante el novenario y la espléndida jornada jubilar, a la aurora y al ocaso, desde la Calle Real hasta el Santuario, Basílica Menor de Nuestra Señora.  ¿Para qué este monumento? ¿Para qué? La respuesta fue de monseñor Roberto Giraldo en el discurso al descubrir la estatua:

 

El Señor Obispo García Ordóñez, coloca en este lugar sobre la altura de la planicie de la ciudad amada, frente a los siglos, la figura broncínea del Señor Obispo Miguel Ángel Builes: allí será la voz del amor, el afán del celo, la lucha contra el error y el vicio, la esperanza del retorno de las ovejas descarriadas, el aire jubilosos de las banderas. A la crisis actual sucederá el fervor futuro. A la dispersión de hoy la unidad que llegará con el signo de la cruz, a la seguridad y desconcierto de estos días, afortunadamente transitorios, la certeza del abrazo del Señor. Todo aquello que anheló, todo aquello porque luchó, todo aquello porque vivió, todo aquello porque murió el Señor Obispo Builes.[1]

 

Desde un punto de vista teológico, la Basílica de Nuestra Señora de las Misericordias, es signo de la presencia centenaria, activa, salvífica, del Señor en la historia de la diócesis de Santa Rosa de Osos y un refugio seguro donde el pueblo de Dios, peregrina por los caminos del mundo hacia la Ciudad futura (cf Heb 13,14). Los orígenes se remontan al año  1919, con ocasión del primer Congreso Mariano Nacional, se levantó en Santa Rosa una estatua a la Virgen en la plazuela de San Ignacio frente a la vieja Casa de Ejercicios donde funcionaba antes el Seminario Mayor de la Diócesis. En 1930 el Reverendo Padre José Tressel, Eudista, aconsejó a la señora Josefa Casas, afligida por una gran necesidad, rezar 15 veces el Santo Rosario a los pies de la imagen; antes de terminar, ya la Virgen Santísima le había concedido el favor. Muchas otras personas fueron igualmen­te favorecidas en sus peticiones de pan, de vivienda, de salud o de trabajo para sí o para sus seres queridos, pues como por inspiración simultánea de la Virgen Santísima. El recuerdo de este acontecimiento considerado milagroso, ha determinado la aparición de esta manifestación duradera, de testimonio de la piedad y el agradecimiento de un pueblo por los beneficios recibidos.

 

De la Virgen Blanca al Templete. Del templete, peregrinos a la Basílica

 

El 15 de agosto de 1931, se cantó la primera salve en acción de gracias y como los favores se multiplicaran y creciera la devoción a la “Virgen Blanca”, el Venerable Obispo Miguel Ángel Builes, inauguró oficialmente el culto público y las peregrinaciones con una fiesta efectuada el 8 de septiembre de ese año, y señaló ese día para su fiesta principal de cada año. El mismo Señor Obispo abrió un concurso para dar un nombre a la imagen y sorprendió el incalculable número de boletas en que se leía Nuestra Señora de las Misericordias. “Parece que aun el nombre lo hubiera indicado ella misma, para que le agradecieran los innumerables favores que hasta ese día había concedido y las misericordias que seguiría prodigando desde su sagrado pedestal, dijo en memorable ocasión el Prelado.

Ante la constante afluencia de fieles, se construyó un bellísimo templete, inaugurado solemnemente el septiembre 30 de 1934.[2] 

 

Las peregrinaciones

 

La peregrinación, dice el Directorio sobre la piedad popular y la liturgia en el Nº 279, es una experiencia religiosa universal, es una expresión característica de la piedad popular, estrechamente vinculada al santuario, de cuya vida constituye un elemento indispensable: el peregrino necesita un santuario y el santuario requiere peregrinos.

En la Biblia destacan, por su simbolismo religioso, las peregrinaciones de los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob, a Siquem (cfr. Gn 12,6-7; 33,18-20), Betel (cfr. Gn 28,10-22; 35,1-15) y Mambré (Gn 13,18; 18,1-15), donde Dios se les manifestó y se comprometió a darles la “tierra prometida”.

La Iglesia, dada la conformidad que existe entre la doctrina de Cristo y los valores espirituales de la peregrinación, no sólo ha considerado legítima esta forma de piedad, sino que la ha alentado a lo largo de la historia. En Santa Rosa año tras año ha ido creciendo la piedad y el culto hacia la bendita Madre y numerosos fieles de la ciudad y de los pueblos vecinos, oran de continuo a los pies de María, y durante  la novena y para la solemnidad del 8 de septiembre, llegan las peregrinaciones de diversos lugares.

 

La Basílica 

 

Es un voto diocesano ¾escribe Monseñor Builes¾, presentado a la Santísima Virgen de las Misericordias en 1935, cuando se habló de quitar a la Diócesis todas las parroquias de la porción occidental. La Madre de las Misericor­dias escuchó nuestro Voto, y ha llegado la hora de cumplirlo. El mismo Venerable comunicó a los diocesanos en la Circular de 1950 que había llegado la hora de dar cumplimiento a lo prometido e invitándolos al compromiso; la inauguración de la obra negra de la Basílica tuvo lugar el 8 de septiembre de 1962. En 1968 con la orientación de monseñor Félix María Torres, nombrado Administrador Apostólico, quedó totalmente concluida la Basílica. El 5 de septiembre de 1971, el excelentísimo señor Joaquín García Ordóñez, hizo la solemne consagración del templo.

 

La basílica como lugar de evangelización

 

La solemnidad de Nuestra Señora de las Misericordias es, el novenario de preparación a la solemnidad del 8 de septiembre, tradición inagurada por el Venerable Miguel Ángel Builes Gómez, es lugar de difusión del Evangelio; en las formas más variadas, el mensaje de Cristo se trasmite a los fieles: llamada a la conversión, invitación al seguimiento, exhortación a la perseverancia, recuerdo de las exigencias de la justicia, palabra de consuelo y de paz. La última iniciativa pastoral diocesana “Iglesia en casa” es una proyección efectiva de la vivencia del icono de la Visitación.

El Directorio de Piedad Popular, subraya: No se puede olvidar la cooperación que muchos santuarios prestan a la labor evangelizadora de la Iglesia, al sostener de diversos modos las misiones “ad gentes”.[3] Es de desear que en este Octubre Misionero Extraordinario, 2019, la celebración de Nuestra Señora de las Misericordias se prolongue en todas las parroquias, casas religiosas, capillas veredales, instituciones educativas, como prueba fehaciente de la dimensión misionera que conlleva esta solemnidad mariana, herencia del Obispo mariano, invocándola también como Estrella de la Evangelización.

El icono de la cooperación misionera es la Visitación. En este relato el Evangelista San Lucas pone de relieve la generosidad; al bautizado en salida misionera, el servicio oportuno y efectivo del bautizado como reza el lema del Octubre Misionero Extraordinario que el Papa Francisco convoca para vivir el Mes Misionero Extraordinario, de octubre de 2019, con ocasión del centenario de la promulgación de la carta apostólica «maximum illud» del Papa Benedicto XV, sobre la actividad desarrollada por los misioneros en el mundo. Feliz coincidencia centenaria la de la colocación de la “Virgen Blanca” en 1919 y la carta Apostólica Misionera.

Papa Francisco nos muestra, seis dimensiones muy importantes de la misión de María en el mundo de hoy:

 

  1. Ella nos enseña a transformar el mundo, con ternura y amor maternal, en “nuestra casa común” (Laudatosi’).
  2. María abraza estrechamente y transmite alegría a todos los necesitados, sensible a su condición humana. Este acompañamiento misionero es un tema que se desarrolla en la Exhortación Apostólica Amoris laetitia.
  3. Al igual que su Hijo, María siente compasión y misericordia por todos los que sufren porque, por experiencia propia, comprende su dolor. En la Misericordiae vultus, Francisco nos invita a hacer nuestra, en unión con Jesús, el Redentor, esta misión.
  4. María es un signo de esperanza en la lucha por la justicia. Ella conoce la turbación que produce el ‘dolor del parto’. En su Magnificat, habla de la justicia con “calidez hogareña”, propia de la ternura. Ella nos enseña “lo revolucionario de la ternura y del cariño” (EG 288) para transformar y sanar al mundo.
  5. Como discípula-misionera, María “se acerca” al pueblo de Dios y “lo acompaña a lo largo de la vida”. ¡María nos muestra el sentido de la solidaridad! Ella camina a nuestro lado. Ella es fiel y constante.
  6. Tanto en los Hechos de los Apóstoles como en sus santuarios, María aparece creando espacios para reunir a los “peregrinos”, especialmente a los pobres y a los que sufren. Ella ora con ellos mientras, estos peregrinos juntos, esperan la efusión del Espíritu[4]

 

 Una resonancia del Venerable Obispo a este misterio de la Visitación de la Virgen María a Santa Isabel, la leemos en noviembre de 1964:

 

Pero un rato más y me voy con la Santísima Virgen siguiendo sus pisadas de divina misionera, y poniendo mis pies en las huellas de mi queridísima Madre. Tú lo sabes Madre mía: desde que medité en este misterio y me empujó el ideal misionero, al meditar tu visita misional a tu prima Santa Isabel resolví pisar siempre sobre tus sacratísimas huellas para llevar la vida de Dios a muchas almas, como tú llevaste a Juan la santificación, o limpieza del pecado original, y a Isabel una abundancia de gracia incalculable sobre la que ya poseía.

 

Este año traemos al Venerable Miguel Ángel Builes, no solo la ofrenda floral, sino un COMPARTIR EL PAN en memoria de su exhortación a las Religiosas que lo acompañaron en este Palacio Episcopal: “Mis hijas: que no se vaya un pobre de nuestra casa, sin haberlo socorrido”[5].

 

Hagamos nuestra la súplica del Venerable Monseñor Builes a la Virgen María:

 

Oh María, Madre mía querida, ¿por qué no me concedes el privilegio de acompañarte yo también y servirte con todo mi cariño filial en este tu primer viaje misionero en busca del alma del Precursor? Como tu siervo y peón de estribo llévame, Madre mía: aprenderé de Ti a salvar las almas, el Cuerpo místico de tu Hijo.[6]

 

Así sea.

[1] R. GIRALDO, Discurso ante la estatua de Monseñor Miguel Ángel Builes en Renovación.

[2] Cf M. D. OLANO G., Monseñor Builes, el hombre, el apóstol, el místico, Cali 1979 p. 336-337.

[3] Cf Directorio piedad popular Nº 274.

[4]Icono Misionero: Carta del Superior General | español – cssr.news

https://www.cssr.news › Home › Gobierno General

 

[5] Sumario § 352.

[6] M. A. BUILES G., Mi Testamento Espiritual Nº 91.

 

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