Un Obispo Misionero de corazón planetario.

EL SIERVO DE DIOS, MIGUEL ÁNGEL BUILES GÓMEZ, OBISPO, FUNDADOR, MISIONERO Y SANTO.

El Siervo de Dios Miguel Ángel Builes, nuestro Fundador, en una de las páginas más bellas de "Mi Diario" comunica la experiencia que lo llevó a soñar nuestro Instituto:

Me pidió luego mi Dios que le regalara una Comunidad de vírgenes como se lo había yo prometido en el Seminario de Antioquia, antes de mi Subdiaconado, para que ellas derramaran el aroma de su virginidad y amaran a su Esposo por tantas almas entregadas a las liviandades y a la lascivia, y Santa Teresita me impulsó a ello con aquellas palabras: "Quiero Amado mío plantar tu cruz en tierra infiel y en las más remotas islas". Y he aquí como en 1929 aparecieron las Teresitas Misioneras, cuyo escudo como los anteriores, ostenta la cruz para clavarla en las lejanías donde es desconocida, y con la cruz el adorable Corazón de Jesús, quien trocado en Eucaristía, se encerrará en su prisión de amor para ser trasladado luego al corazón de innumerables almas que antes vivían en la muerte del alma, para gozar luego de la verdadera vida, Cristo Jesús". (Diario, noviembre 19 de 1964).

El día 9 de septiembre de 1888, nació en el hogar de Don Agustín Builes y de Doña Ana María Gómez, en un lugar cercano a la población antioqueña de Donmatías. El 12 del mismo mes el Cura, Pbro. Victoriano Muñoz, derramó el agua bautismal, poniéndole el nombre de Miguel Ángel; desde antes de nacer había sido consagrado a la Santísima Virgen y a San Miguel Arcángel por su piadosa madre. El 19 de diciembre de 1893 fue confirmado por el Obispo Juan Nepomuceno Rueda.
El año de 1911 oyó hablar por primera vez de Santa Teresita del Niño Jesús, quien hizo prender en su alma un fuego como una chispa al principio, como un incendio sideral después; desde entonces formó con ella un solo corazón escogiéndola como compañera de labores apostólicas durante su vida, para trabajar por Cristo y por las almas.


Un Sacerdote, misionero y apóstol.

El 18 de mayo de 1913 recibió la Sagrada Orden del Subdiaconado, y el 10 de agosto la orden del Diaconado. Por estos años, en sus ansias de corresponder al amor de Dios, celebró con Jesús ante una imagen de su Sagrado Corazón, un cambio de corazones para ser encendido con su divino fuego. El 29 de noviembre de 1913 recibió la unción sacerdotal y el 8 de diciembre cantó su primera Misa en Donmatías ante el altar de Nuestra Señora del Rosario, cumpliendo así el voto de su Primera Comunión.
En abril de 1915 fue enviado como coadjutor a la parroquia de Valdivia y misionero de las regiones bañadas por el Cauca, desde Puerto Valdivia hasta Nechí; en noviembre de 1916 fue trasladado a Toledo; al año siguiente salió para la parroquia de Santa Isabel y el Tigre en el nordeste antioqueño; el 28 de diciembre de 1918 le llegó la obediencia de pasar a la parroquia de Nuestra Señora de los Remedios; en junio de 1921, mientras se reponía de sus quebrantos de salud ocasionados por el paludismo, fue enviado a Tierradentro, hoy Aragón, para luego regresar de nuevo a Remedios.


Pastor y Fundador de corazón planetario.

El 19 de enero de 1924, cuando contaba apenas 35 años de edad, recibió el nombramiento como Obispo de Santa Rosa de Osos; el 27 de mayo de 1924 fue preconizado y consagrado el 3 de agosto siguiente en la Basílica Menor de Bogotá.
El hombre a quien presentamos fue una destacada personalidad en el plano de la vida nacional colombiana. Su vida es significativa por haber iniciado el gran movimiento misionero, que como un torrente empieza hoy a inundar el continente latinoamericano.
Monseñor Builes empezó por entender su fe, no como un regalo recibido para su provecho personal, sino como una tea para iluminar a "todo hombre que viene a este mundo" (Jn 1,9).

Entendió que era Obispo de la Iglesia Universal, no únicamente guardián de una parcela. Estas convicciones y sus consecuencias pastorales constituyen un hecho profético que abre una nueva época en la Iglesia de América Latina. Esta, al llegar a los 500 años de su evangelización, se siente interpelada a salir de su encerramiento, para proyectarse, bajo la guía de sus pastores, a todo el mundo.
Monseñor Builes, Obispo provinciano, experimentó con toda intensidad la angustia por la salvación de todo el mundo. Así inició el camino por donde América Latina entendería su destino providencial: el llamado a anunciar la fe cristiana a otros continentes, según la expresión del Papa Pío XII. El Obispo Builes comienza por fundar un Seminario de Misiones Extranjeras en su propia Diócesis de Santa Rosa de Osos (Colombia). Lo concibió como una "fábrica de misioneros", cuya finalidad expresa con estas palabras: "Fue mi ideal básico preparar misioneros que, como San Francisco Javier, fueran hasta los confines del mundo a predicar la Buena Nueva, a todas las zonas y a todas las razas"...

Posteriormente y con igual propósito, da vida a tres Congregaciones femeninas: Misioneras de Santa Teresita, Teresitas Contemplativas, Hijas de Nuestra Señora de las Misericordias. A todas ellas decía: ".. cuántos millones dispersos en el mundo no conocen ni aman a Dios... Ah, Hermanas,... os diré que vuestra misión sobre la tierra es salvar al mundo, salvar almas". La fundación de estas Comunidades y su acción animadora hacia los católicos, en orden a la empresa misionera, motivó verdaderamente a Colombia. Hubo un tiempo en que en muchos hogares del país donaban un peso anual, para el sostenimiento de los seminaristas misioneros del Señor Builes. Además, en cada Casa Religiosa de Colombia, había el compromiso de rezar miles de Rosarios por esa misma intención.
Hoy, los hijos de Monseñor Builes prestamos nuestros servicios pastorales en varios países de América, África, Europa y Asia, realizando los anhelos universalistas del Padre Fundador.

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