Artículo 3 - PRESENCIA MISIONERA EN MURINDÓ

Como Municipio: tierras de Antioquia y Chocó.
Riqueza: Sus gentes, sus ríos y fuentes, su fauna y su flora.
Su angustia: la dureza del medio, su pobreza causada por los fenómenos naturales que la han azotado y la absurda violencia, que ha violado la virginidad de sus selvas y la tranquilidad de sus ríos.

Nuestra presencia: se da a partir del desastre absurdo de Bojayá, que afectó profundamente todos los caseríos del contorno.

Los desplazamientos escalonados a partir de entonces, y que fueron a refugiarse en la región, buscando un trozo de selva adonde abrir un claro para parar un rancho, nos motivaron a un acompañamiento con parejas o triadas de Hermanas por temporadas en movimiento alternado. Hasta que, conociendo las ingentes necesidades, la tragedia que día a día vivían las gentes, y llegado el momento largamente esperado, se logró abrir una Comunidad de 4 Hermanas, que generosas asumieron el reto de estar y permanecer en la región, a partir del 7 de abril de 2003.

Con el júbilo y la presteza de María, la esclava del Señor, se encaminan a la inhóspita selva, acompañadas de su Superiora General y su Vicaria… Una lancha que conduce la merca para los caseríos, saliendo de Turbo, las llevará a Murindó (Guamal), en 20 horas más de lo previsto para el viaje. (36 en total).

Su llegada, fue para nativos, desplazados e indígenas, la cercanía amorosa de Dios.

Esta cercanía del Señor se hace patente en momentos cruciales de la comunidad: en las detenciones – a veces justas, otras, injustas _ de algunos de sus miembros, las Hermanas son compañía, reclamo angustioso ante las autoridades, quienes con confianza les entrega devuelven por su medio a las familias, al verlo conveniente.
En las retenciones, secuestros, muertes selectivas, ellas son su presencia actuante, son el consuelo y compañía para sus familiares.

En las injustas trabas para el transporte de alimentos, motores, combustible para su trabajo, ellas son intercesión rápida y convincente ante los agentes del orden.

Ante las injustas acusaciones para ocultar atropellos, ante los tratos crueles, para cobrar en alguien lo que otros han hecho, ante los tratos duros a los indígenas, negros y desplazados que ellos no logran reclamar. … su voz es voz para denunciar lo que va contra la vida y dignidad, desde los compromisos pastorales Diocesanos, los cuales comparten con el equipo misionero y los grupos de Derechos Humanos.

Los niños apadrinados por la Fundación Sant’Egidio de Italia, sienten el cariño materno de las Hermanas, quienes afanosamente proveen, a sus necesidades en educación, salud, nutrición, pero sobre todo, dedicándoles tiempo para ayudarlos a progresar académicamente, de manera que aprovechen realmente esta oportunidad que la solidaridad internacional les brinda.

Para las mujeres, que en estas culturas, como en tantas otras, carecen de medios, oportunidades, educación, ellas son compañeras, tutoras, amigas que las orientan para acrecentar el sentido de su dignidad y la virtud de la responsabilidad en su familia y en la sociedad.

La modistería, el bordado, la panadería, además de serles de beneficio en su autogestión, se convierten en oportunidades privilegiadas de contacto con las Hermanas, quienes desde lo concreto las van orientando también en el conocimiento de Jesucristo y en la vivencia de los valores éticos y evangélicos. Especialmente, la buena Hermanita, a quienes muchos denominan “la Hermana santa”, por su humildad, su cariño, su entrega de madre y hermana, como ternura de Dios para cada persona.

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