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Visita canónica a la comunidad de Tortí,
Arquidiócesis de Panamá.

Corregimiento del Alto Bayano Darién, Arquidiócesis de Panamá

La presencia de las Hermanas Misioneras de Santa Teresita en este lugar se da por medio del Decreto No. 046 del 12 de febrero de 2006. Traslado de la Fundación en Capira a petición del Señor Arzobispo Monseñor José Dimas Cedeño Delgado quien escogió el lugar para el trabajo apostólico. Reconoce la necesidad de la itinerancia cuando ya la Comunidad está madura.

Finalidad de la obra: Primer Anuncio, Nueva Evangelización, Evangelización y Acción Pastoral Misionera a través de:

•  (Pastoral Juvenil Misionera e Infancia Misionera.

•  Pastoral social y visita a enfermos;

•  Catequesis siguiendo las líneas pastorales de la Arquidiocesis y en conformidad y de común acuerdo con el Señor Arzobispo o con el Párroco;

•  Atención pastoral a los grupos indígenas de la zona, de acuerdo a la plantación con el Sacerdote y los demás agentes de Evangelización;

•  Atención a la formación de líderes, catequistas y delegados de la Palabra. (Convenio con el Señor Arzobispo 15 de mayo de 2006)

Actualmente la Congregación hace presencia allí por medio de las Hermanas: Nancy Noriega Peregrino, Hna. Raquel María Valdivieso Obando: Juniora y Hna. Eliana Marcela Yepes Galeano. Juniora.

Se ha constituido una comunidad abierta a las necesidades de los habitantes en compañía y dirección del Padre W. Pablo Kasuboski encargado de la misión en Torti-Wacuco y otras Comunidades en el Alto Bayano. Están desarrollando una misión interesante y con una formación fuerte de Laicos con miras a ser Laicos Misioneros Teresianos Asociados, a la vez se trabaja fuertemente la Animación Vocacional, la formación de Animadores de la Palabra y otros. Jesús Misionero, ayude a nuestras Hermanas a vivir la experiencia de Dios fuertemente y desde ella, llevar a cabo la misión de anunciar el reino de Dios por esta extensa región.

 

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Entrevista a Juan Jované: Otro desarrollo es posible.


“Saludos cordiales, hermanos y hermanas, a ustedes que caminan y trabajan en la construcción de un mundo más humano e inclusivo. En este número 3 del Kuna Yargi, queremos reflexionar a la luz de la fe sobre el modelo de desarrollo económico actual, que se confronta con el modelo que nuestros antepasados lucharon por establecer en nuestras comunidades.

La tierra, nuestra Madre y nuestra casa común, sufre hoy una acelerada destrucción. Los países ricos en su afán de mayor poder económico han provocado el hambre y el exterminio de millones de personas. La economía capitalista que rige actualmente en nuestros países sólo se relaciona con la tierra para obtener ganancia y lucro. Para la economía moderna la tierra es un mero factor de producción, una mercancía sujeta a la compra-venta y a la fabricación de productos para acumular capital privado. La tierra y sus recursos, según esa mentalidad, son regalos puestos a disposición del ser humano para que los explote. Sin embargo, los economistas no toman en cuenta que la tierra no es eterna y que sus recursos se están agotando aceleradamente. Algunos ecologistas afirman que, si en el momento actual detuviéramos por completo el proceso de producción y de consumo la tierra necesitaría cerca de mil años para recuperarse de los daños que le hemos infligido.

Para los kunas, la tierra es la madre que genera la vida y es la madre que sostiene y alimenta con sus pechos a sus hijos e hijas, los humanos. La prosperidad, la alegría y la fraternidad de la comunidad están ligadas a la abundancia de las cosechas. Nuestra vida, pues, está ligada al bienestar de la tierra, pues ella es el recurso básico sin el cual los abuelos no podían imaginarse “el pan de cada día”:

Galibe decía: “Estas cosas que utilizamos, esos animales que nos sirven para comer, todas esas colinas, no son nuestros. Baba no los hizo para que nos adueñáramos de ellos. Baba nos dejó para cuidarlos. Y cuidar las cosas es compartir con todos los hermanos; es no permitir que unos tengan más que otros, sino que todos nos alimentemos bien y nadie se burle del otro” ... La naturaleza, los hombres, las cosas no son nuestros: los estamos cuidando para Baba, para Nana. Con ello estamos dando la hermosura joven a la Madre Tierra” (Relato de Galibe).

El trabajo comunitario y el compartir las cosas que nos da la Madre Tierra forman parte inseparable de nuestro espíritu kuna. Cuando cerramos las puertas a los otros y escondemos las cosas para no compartir, cuando huimos de nuestra responsabilidad como miembros del pueblo, nos estamos lanzando a nuestra propia muerte y atraemos catástrofes sobre nuestra tierra. Así nos alerta Ibeorgun:

Cuando empiecen a trabajar divididos, vendrá la destrucción. Nosotros estamos rodeados de peligros... Nos rodean por todas partes; y sólo unidos fuertemente vamos a poder seguir en nuestra comunidad. Baba lo quiere así. Y nosotros, para poder vivir en esta Madre Tierra, también lo queremos así. Lo necesitamos. (Relato de Ibeorgun y Gikadiryai II).

Jesús de Nazaret, en su anuncio del reinado de Dios, tiene una actitud firme contra el afán de dinero y de poder que caracterizaba a los poderosos de su época y que caracteriza, también hoy, a los que trabajan siguiendo el modelo de desarrollo capitalista. Él dice que “es imposible servir al mismo tiempo a Dios y a las riquezas” (Mt 6, 24), pues las riquezas ahogan la Palabra de Dios, y no la dejan fructificar (Lc 8,14). La actitud de Jesús contra los acaparadores de bienes es clara y transparente. No es comprensible para él que alguien tenga abundancia de bienes, mientras a otros hermanos les falta lo necesario para vivir. Sus palabras son muy duras contra los que acaparan riquezas pensando sólo en pasarlo bien: “¡Pobres de ustedes, los ricos, porque ustedes tienen ya su consuelo! ¡Pobres de ustedes los que ahora están satisfechos...! ¡Pobres de ustedes, los que ahora ríen!” (Lc 6, 24-25).

Necesitamos revertir el orden de nuestro mundo y para ello debemos volver a nuestras raíces, a nuestros valores originarios fundados en la fraternidad y en el amor a la Madre Tierra. Unidos a todos los pueblos de esta Abia Yala, debemos mantenernos firmes en la defensa de la vida de nuestros hijos y de las futuras generaciones. Como cristianos y cristianas kunas tenemos el deber ineludible de vivir de una forma distinta, dejando de lado el afán de dinero que tanto daño hace a la humanidad y a la tierra. Alimentemos, pues, el convencimiento y la esperanza de que es posible otro tipo de relación con la tierra, más en armonía con ella y respetando sus límites. ( Septiembre 17 2009)

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Hermanas Misioneras de Sante Teresita
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