
“No a nosotros Señor, nos des la Gloria, no a nosotros, sino a tu nombre, llevado por tu amor”. (Sal 115,1)
El Señor me ha permitido recorrer este camino, y qué experiencia misionera tan maravillosa, transmitiendo por el teléfono el amor de DIOS, a través de un amable saludo, dando una voz de aliento a los familiares de las hermanas y amigos enfermos o sencillamente, muchas veces al día llegar a las personas con un ¡Dios te acompañe!; ¡cuente con nuestras oraciones! ¡Feliz día…!
Es el Señor quien me dice, y así lo he vivido, ¡siéntete feliz por tener esta oportunidad de anunciar mi nombre a las personas con quienes te comunicas! ¡Dame tu vida, dedícate a ser misionera allí donde te envíe!
Esta experiencia concedida por el Buen Dios ha llenado muchas expectativas, pero especialmente me ha hecho ser consciente de lo que es realmente ser misionera; es, como no lo enseña el Papa Juan Pablo II en el documento vida Consagrada. “Las personas consagradas serán misioneras ante todo profundizando continuamente en la conciencia de haber sido llamadas y escogidas por Dios, al cual deben pues orientar toda su vida y ofrecer todo lo que son y tienen, liberándose de los impedimentos que pudieran frenar la total respuesta de amor” (Vida Consagrada Nº 25)
Gracias Padre Dios por darme la oportunidad para ser mensajera de las delicias de tu ternura, porque a pesar de mi débil humanidad cuentas conmigo para llevar a mis hermanos una palabra de esperanza, la buena noticia de la salvación.
Sol Ángel Leal Cañas
Novicia Misionera Teresita.