X
Menu
X

Testimonios

Fui enviada a este hermoso lugar llamado Poconchile ubicado geográficamente  en el valle de LLuta, cercano a la ciudad de Arica-Chile. Como lo pueden apreciar es un lugar de desierto. Sí, es desierto porque es un espacio tranquilo, apartado de la ciudad, adornado con majestuosos cerros cubiertos de arena,  infértiles y como un destello de vida, está el rio LLuta, que baña el valle que lleva su mismo nombre; único lugar cultivable, donde muchos campesinos le apuestan con perseverancia a ver fructificar sus esfuerzos.

En este hermoso lugar,  mis Superiores Mayores, me han dado el precioso regalo de venir a hacer mi experiencia apostólica, antes de  mi primera profesión religiosa. Experiencia que inicie en el mes de enero y que ya estoy próxima a terminar

Estoy compartiendo mi vida en  una comunidad dinámica y fervorosa formada por tres Hermanas: Olivia Loaiza mi Superiora Local, Esperanza Londoño y Martha Tenicela. De ellas he aprendido el arte de conjugar la oración –contemplación, la vida de familia,  la misión y el gozo de aspirar a ser Misionera de Santa Teresita, desde una vida sencilla, pero llena de razones para  entregarme al Señor y al servicio de los más pobres.

Es un servicio misionero que me ha exigido ir haciendo un camino de humildad y sencillez en el acompañamiento a  las familias del Valle de LLuta. El servicio aquí es exigente y requiere de constancia, fortaleza interior y mucha paciencia misionera, pues hay poca respuesta de la gente, por eso justamente es aquí,  donde se nos pide  hacer presencia misionera sobretodo testimoniante; con un servicio misionero sencillo e incondicional .la gente nos sienten parte de su familia y también nosotros lo sentimos así, esto es lo que más me llena de satisfacción.

Participé de la Asamblea Electiva, a nivel de la Provincia,  que se realizó en la Paz, en el mes de junio, con las comunidades de Chile, Perú y Bolivia. Fue una experiencia muy gratificante por el  compartir tan fraternal con todas las Hermanas de estas Comunidades;  puedo dar fe de que nuestra congregación avanza con pasos de Madre: segura, con esperanza y sobre todo buscando el bien y la santidad de sus hijas.

Gracias por permitirme compartirles la alegría de ser enviada  y de hacer parte de este ejército de Misioneras,  “quienes quemadas de celo queremos ir por el mundo, clavando la cruz” en el corazón de cada hermano.

Un saludo especial para todas las Hermanas  de la Provincia y de la Congregación ayúdenme a agradecerle al Señor, esta experiencia que me ha permitido vivir.

Novicia Ana María Giraldo Macías.

Misionera de santa teresita

Poconchile 2012

¡Que feliz he sido!

Dar una mirada a lo que ha sido mi vida en la Congregación como Misionera de Santa Teresita, durante 34 hermosos años, tres entre el Prenoviciado y Noviciado, 31 de Profesa, me causa un profundo gozo interior y despierta en mí sentimientos de profunda gratitud al Señor que no ha dejado de sorprenderme con sus delicadezas “Tu me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos conoces mis pensamientos, todas mis sendas te son familiares…” (Sal 138)

He vivido rodeada del amor misericordioso de Dios. Los acontecimientos de mi vida a veces marcada por el miedo o el dolor, el principal, la muerte prematura de María Celina, mi doblemente hermana por la sangre y el espíritu, pero la mayor parte de ellas en alegría por la predilección de Dios al haber escogido para sí tres miembros de mi familia para ser mujeres consagradas en este Instituto.

En cada amanecer agradezco al Señor el don de mi vocación a la vida religiosa misionera, y me gusta hacerlo con la siguiente oración, que una vez encontré en una estampa siendo novicia: “Gracias Señor por haberme llamado tan misericordiosamente a tan sublime vocación. Gracias por haberme soportado. Gracias por no haberme arrojado a causa de mis muchos pecados, infidelidades y miserias. No te canses de soportarme y que tú divina venganza consista en darme un celo cada día un celo más ardiente por la salvación de las almas, amor por mi vocación y la perseverancia en ella hasta mi último suspiro. Ese último suspiro de mi vida te lo entrego como un canto de amor a ti por tan inmerecido llamamiento y un acto de caridad perfecta que me permita unirme a ti eternamente. Amén”.

Desde que fui consciente de la llamada de Dios a la vida religiosa, no dudé un minuto de que quería ser misionera Teresita. Esta certeza la cultivaron mis maestras en el colegio – las Misioneras Teresitas, allá en aquel frio y pequeño pueblecito llamado San José de la Montaña – y Dios allanó el camino, y me condujo a la Congregación, porque di con unos padres extraordinariamente generosos que no dudaron en apoyar mi decisión, pasando por alto que yo podía ser una solución a la precaria situación económica de la familia.

La experiencia de haber entrado en contacto como Misionera Teresita, con los niños, los jóvenes, adultos y ancianos, afro colombianos, indígenas, campesinos, colonos, hombres y mujeres de la ciudad, el pueblo, el campo, la selva, me ha abierto la mente y el corazón, me ayuda a ver y vivir los acontecimientos actuales de mi vida y entorno, con mirada distinta, más abierta, comprensiva y misericordiosa, contrario a lo que hubiera sucedido si no hubiera abierto mi abanico a estas experiencias.

He disfrutado mucho, muchísimo, con la riqueza cultural que se ha ido dando en la Congregación mediante el ingreso de religiosas llegadas de diferentes países latinomaericanos y del continente africano, por nuestras relaciones de igual a igual, de cercanía, de fraternidad. Con ellas nuestra convivencia se ha enriquecido, nos vamos complementando mutuamente y vamos descubriendo que tenemos muchas cosas en común a pesar de lo retirado de los países de procedencia y las diferencias físicas de nuestras razas.

En estas tres décadas de caminada en vida religiosa misionera he tenido bellas experiencias de vida fraterna en sencillez, alegría, paciencia, pobreza, humildad, procedentes del testimonio y la valentía de muchas de mis Hermanas para afrontar las dificultades sin desanimarse. Siempre dispuestas a marcar con el sello del amor y la esperanza, la vida.

He sentido la cercanía de Dios Padre, del cual siempre he querido ser testigo, en las situaciones de violencia y guerra que se viven en la patria y en el mundo entero. Dios tan cercano a mí que hasta lo puedo tocar, me repite al oído una y otra vez: “ No temas, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré, sí, te sostendré con la diestra de mi justicia. “Isaías 41:10. La seguridad de su preocupación por mí y toda la humanidad se ha convertido en mi punto de apoyo, mi palanca, mi certeza. En medio de tanta guerra y corrupción, he aprendido a vivir agradecida, muy agradecida, altamente agradecida y feliz porque Dios es mi riqueza, mi Señor, la alegría de mi corazón.

En el contexto en que me encuentro actualmente, sirviendo en la secretaría general de la Congregación, soy feliz. Procuro hacerlo con todo el amor de mi corazón y afianzarme en el seguimiento de Jesús  haciendo todo con alegría, aunque haya imperfecciones.

Soy feliz, muy feliz porque con amor eterno me ha amado el Señor. Jeremías 31, 3

Hna. Elvia Lucía Posada Uribe

Misionera Teresita

Experiencias Gozosas

Siendo novicia de experiencia, me gozo de ser Misionera Teresita, pues descubro que desde antes que naciera Dios me conocía y me consagró, me preparó unos padres Y una familia llena de amor para que me recibiera y Dulcemente me fueran orientando hacia el Bien.

Él siguió acompañando mi infancia, en la inocencia y la alegría de crecer en medio de la naturaleza; Luego en los primeros años de mi juventud vivida en la sencillez, la libertad y la aventura, iba enamorando mi corazón y acercándome al suyo.

A  los 18 años en un flechazo certero, me arrebató del seno de mi hogar para hacerme florecer en terreno fértil, en el seno de mi Madre Congregación… No ha dejado de fortalecerme y acompañarme en mis primeros pasos y de acrecentar aún en los momentos de dificultad.

Doy gracias a Dios por haber inspirado a nuestro Padre Fundador la fundación del Instituto quien acucioso nos forma para   partir luego quemadas de celo a clavar por el mundo la cruz; también por quienes lo han dirigido desde el gobierno general a través de las distintas épocas, ya que son las que directamente custodian la fidelidad al carisma y sobretodo se interesan por permitir y animar a otras a engrosar nuestras filas.

Hoy con el gozo de ser Misionera Teresita digo: «es imposible conocerlo y no amarlo, es imposible amarlo y no seguirlo, después de que Él ha enamorado mi corazón, me es imposible decirle que no y tampoco puedo quedarme yo sola, ocultando la alegría y la gratitud de ser novicia en esta Amada Congregación»

Ana María Giraldo Macías.